Dos noticias esperadas, como se espera el paso
de las estaciones o que llegue la Navidad en diciembre y las Fallas
por Sant José. Como ya comenté hace unos meses, el Ayuntamiento
saca cuatro veces al año el florero del Consejo de Niños y Niñas, enjuaga las flores de plástico y lo pone en la mesa del salón de
plenos, para hacerle una foto con algún concejal o concejala, porque
la alcaldesa ni va.
No hay que repetir que este Consejo Municipal
de Niños y Niñas no tiene nada que ver con lo que se entiende como
Consejo de Participación Infantil, que se define como órgano formal
donde los y las menores de 18 años hacen valer su derecho de
participar, de ser escuchados y poder comunicarse directamente con
las autoridades municipales. Un lugar para aprender a convivir y
aprender la democracia participativa, en continua relación con el
conjunto de niños y niñas y adolescentes de la ciudad y de los adultos y sus
gobernantes.
Y esto, desde la reflexión personal y social
del “bien común”, para conseguir que niños y adolescentes, en
general y en pequeño comité, tengan la posibilidad de manifestar y
decidir cómo quieren que sea su ciudad, de la que son parte ahora en el
presente y lo serán en el futuro. Y los adultos, especialmente los
gobernantes, les reconozcan sus derechos y tengan en cuenta su
opinión.

Para aspirar una ciudad a ser reconocida como
“Amiga de la Infancia” es necesario que haya un Consejo de
Participación Infantil pero hacen falta mas cosas como, por ejemplo,
tener un Plan Local de Infancia y Adolescencia, unos informes sobre
la situación de la infancia y la adolescencia en el municipio, unos
Presupuestos previstos y reales aplicados, una evaluación del
impacto que están produciendo las políticas que se aplican y una
coordinación interna y externa de los técnicos y políticos
responsables. Pero, además y también, una difusión en el municipio de
la Convención de los Derechos de la Infancia y Adolescencia a la
ciudad, una sensibilización de la población en cuanto a las
necesidades y derechos de niños y adolescentes y una colaboración
con otras entidades locales que trabajan para el infancia a
diferentes niveles.

Más de 10 años después, aquello que se
explicó a UNICEF que se estaba haciendo y comenzando a hacer no ha
crecido ni ha empapado la política municipal alzirenya colocando a
niños y adolescentes como elementos centrales. Al contrario y peor
todavía, han ido desmontando despacio aquello que se empezaba
entonces a hacer, sin añadir alternativas ni plantear nuevas
actividades o programas de participación, ocio, sensibilización
sobre los Derechos de Niños y Niñas, medios de comunicación
locales, movilidad urbana, etc. Incluso, ni se ha protegido como
teóricamente haría falta a los menores porque no los afectan tanto
de cerca los efectos negativos de esta crisis económica con más
becas y ayudas de libros o de comedor, de actividades deportivas o
extraescolares o alternativas a los comedores escolares en las
vacaciones escolares, por ejemplo, que en verano las niñas y los
niños también comen.
Es una lástima, pero Alzira no es una ciudad
que se comporte ni esté en camino de comportarse como “Amiga de la
Infancia” y por eso me da vergüenza ver como vuelven a solicitar
el reconocimiento. Porque ahora no es momento de futuribles y
posibilidades, sino de evaluar la realidad actual y la lamentable
evolución de la política municipal en cuanto a los niños y
adolescentes en los últimos años. Y no es sólo cuestión de
falta de dinero y presupuestos sino de sensibilidad del gobierno
municipal y de las personas que lo conforman. Y esa sensibilidad de
cara a niños y adolescentes hace muchos años que ni está ni se la
espera.
Eduard Hervàs
Psicólogo
Psicólogo